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INFORMACIÓN
GENERAL Investigación
exclusiva
Los testigos que complican a Grassi
Tribunales
de MORÓN. CriticadelaArg-.
Aníbal
Vega
vio que le mostraban un arma, respiró hondo y se alejó de aquel sujeto
que le dijo “al juicio no llegás vivo”. Dobló en la primera esquina y
corrió hasta perderse por una calle de tierra de William
Morris, donde atiende un comedor. La psiquiatra
María
Inés Olivellia, en cambio, padeció tantas amenazas telefónicas que ya no sale
a la calle sin custodia policial. Al psicólogo Enrique
Stola le fue peor: en
tres ocasiones –la última fue el año pasado– delincuentes encapuchados lo
visitaron en su casa. La primera vez lo ataron de pies y manos, junto a su hija
y una empleada doméstica, y se fueron con la notebook, mil pesos, alguna
documentación. Las otras dos veces también le robaron, pero además lo
molieron a golpes.
Los tres pasaron los últimos seis años entre amenazas, aprietes y
audiencias judiciales y serán testigos presentados por la parte acusatoria en
el juicio oral –aunque no del todo público– contra el cura
Julio
Grassi, que comienza este martes a las nueve de la mañana. No se
trata de testigos cualquiera. Vega, Olivellia y Stola fueron los psiquiatras y
tutores de Ezequiel y
Gabriel, dos de los tres chicos –el tercero se llama
Luis– que denunciaron haber sido abusados por el titular de la fundación
Felices Los Niños. Sus testimonios, por lo tanto, son determinantes para el
proceso. Lo que ellos digan, a su turno, frente al Tribunal Oral Nº 1 de Morón,
puede repercutir directamente en la situación del cura, acusado de abuso sexual
y corrupción de menores, agravado por su condición de guardador.
Olivellia y Stola fueron peritos psiquiátricos de parte.
Atendieron a Ezequiel y Gabriel respectivamente y elevaron informes sobre el
perfil de las víctimas, al poco tiempo de que estallara el escándalo. Conocen
de primera mano qué es lo que sucedía adentro del predio de la fundación, en
Hurlingham, mientras Grassi lo dirijía. Están convencidos de que el cura abusó
de los chicos y admiten que llegar a esa conclusión les salió bastante caro.
“Entramos al caso porque nos lo pidió la Justicia –dice Stola–. Si no nos
hubieran necesitado, los últimos seis años para nosotros hubieran sido más
aliviados. Pero ocurrió todo lo contrario”. El caso Grassi, para ellos, fue
algo así como la historia de sus vidas. “Nos persiguieron hasta el cansancio,
pero acá estamos”, dice Olivellia, y hace memoria: “A fines del 2002 me
convocaron para ver si las denuncias que había hecho Ezequiel eran ciertas. Me
encontré con una persona muy vulnerable y una historia tremenda. El chico
desconfiaba hasta de su propia sombra. Pero poco a poco fuimos llevando adelante
un diálogo. Me hablaba de toqueteos, de situaciones eróticas. Me decía que el
cura lo tocaba, pero que no sólo lo tocaba a él, sino a todo un grupo de
chicos, que eran como los preferidos del sacerdote”.
El titular de la fundación Felices Los Niños fue denunciado el 23
octubre de 2002 por el programa Telenoche investiga. El caso se jugó
en los medios de comunicación a tal punto que dos días después de la
denuncia, mientras se hallaba en al aire Hora Clave (en esa época por
Canal 9 hoy en C5N)
de Mariano
Grondona, el
periodista Eduardo
Feinmann le avisó al sacerdote que la
policía había venido a buscarlo para llevarlo detenido. En esos días
convulsionados, el psiquiatra Stola conoció al otro de los chicos que denunció
abusos, Gabriel. “Gabriel –recuerda Stola– me confirma los hechos, pero lo
terrible de ese momento, además de la historia, era que no teníamos abogado y
que los chicos, luego de las denuncias, estaban desprotegidos. No sabíamos qué
hacer. El grupo Hadad, a toda hora, hacía insinuaciones sobre la personalidad
de los chicos. Hablaba de sus familiares. Llevaban al aire a sus parientes y los
hacían entrar en contradicción”. El psiquiatra continúa: “Después
empezaron las amenazas contra nosotros. Decían que el Grupo Clarín nos pagaba.
Y después vinieron los aprietes. La primera vez que entraron a mi casa estaba
mi hija. La segunda y la tercera estaba solo, me pegaron, me mataron y se fueron
con documentación y con archivos importantes. Pero lo que no pueden evitar es
que dé el testimonio que debo dar durante el juicio”.
Lo de Aníbal Vega es más dramático. Tiene 50 años y no parece.
Atiende el centro cultural William Morris, básicamente, un comedor infantil
donde se alimentan cientos de chicos. El local queda sólo a doce cuadras de la
fundación Felices Los Niños. Vega fue una de las primeras personas que supo
sobre los abusos. “Claro, porque los chicos del barrio que venían al comedor
también pasaban o habían pasado por la fundación. Y yo recuerdo que cuando se
peleaban entre ellos se acusaban diciendo: ‘Callate, che, que a vos el
cura te
da’. Otros decían: ‘A mí no me da, yo le doy a él’. Era raro, los nenes
hablaban de activos y pasivos en situaciones sexuales”, cuenta Vega. Lo mismo
dirá pasado mañana frente al tribunal y frente a Grassi sentado en el sillón
de los acusados. Sigue: “En el año 2000 había juntado muchas pruebas y fui a
ver a Luis
Farinello para pedirle que hiciera una denuncia, pero no pasó nada.
Había tenido la confesión de un chico. Una noche llegan al comedor dos nenes a
comer algo. Les hago un plato de comida, fideos y patys, lo único que me
quedaba. En un momento veo que se estaban peleando. Otra vez lo mismo: uno le
decía al otro que Grassi lo penetraba, lo acusaba de subir a los despachos del
cura en la fundación y bajar luego con plata que le daba el cura a cambio de
algún favor sexual”.
Cuatro meses después de que estallara el escándalo, con Grassi
fuera de la ONG, Vega se convirtió en tutor de Ezequiel. “A este chico lo
conozco de toda la vida. Pero nunca quise hablar demasiado de todo lo que pasó
porque entiendo que hay un ámbito para hablar de determinadas cosas. Pero una
vez me contó.”
Ezequiel, repasa Vega, le comentó que una noche él y un compañero
de la fundación rompieron un vidrio y Grassi los llamó para reprenderlos. Que
en efecto, al principio así fue: “Empezó hablándoles mal y de a poco como
que se fue endulzando, aliviando. Ezequiel me
dice que estaba del otro lado del
escritorio y que su amigo se había sentado al lado de Grassi. Me dijo que de
repente vio que Grassi ya no hablaba enojado y que había puesto una mano en la
pierna, primero, y luego en la entrepierna del otro chico. Entonces Ezequiel se
quiso ir. Pero el cura se levantó y lo frenó en la puerta. Y bueno, pasó lo
que se sabe”, explica Vera, que además de haber sido amenazado en varias
ocasiones –“como doscientas veces”,
afirma– una noche debió zambullirse
debajo de la mesa de su casa para esquivar la balacera efectuada por dos
desconocidos desde la calle. Aquella noche, Ezequiel lo había ido a visitar.
“Al principio denunciaba todas las amenazas. Iba a tribunales. Hacía
identikits. Pero no pasaba nada”, cuenta Vega. Ni él ni Stola ni Olivellia
pueden asegurar que Grassi y su gente estén detrás de las agresiones. “Pero
es concreto que todos teníamos vidas tranquilas y esto nos comenzó a pasar a
partir del caso”, dice Stola.
La historia que termina de completar la acusación contra el religioso es
la de Luis
Gutiérrez, un chico de la fundación que habría sido abusado
durante un viaje a El Calafate. Ni Gabriel ni Luis ni Ezequiel se verán cara a
cara con el cura al declarar. El abogado querellante, Juan
Pablo
Gallego, pidió
que cuando llegue ese momento, el acusado sea retirado de la sala.
Grassi llega a juicio con 13 cargos
por abuso sexual agravado,
tres por corrupción de menores agravada por su condición de guardador y uno por
amenazas coactivas. Podría ser absuelto. O recibir una pena de 25 años de
prisión. Para conocer la sentencia deberán pasar casi cuatro meses y desfilar
más de 400 testigos. Mientras tanto, él se defiende desde una página web y
acude a la prensa amiga para hablar sin repreguntas. El viernes, vía Radio
10, admitió ser un pecador. “Pero estoy del lado de los buenos”, aclaró.
Eso, justamente, es lo que está por verse.
Los
vecinos de Villa Alemania
y el Arroyo
Morón
El temor de volver a inundarse
cuando liberen las
aguas de los aliviadores
HURLINGHAM.
Por: MARCELO ANDRADA-. Con la
realización de las obras del Aliviador Casullo; del Zanjón Martínez; del
Aliviador Quintana; de
las
Cuencas Pierrastegui-Santa Catalina
de otros futuros
desagües pluviales que conectarán
con estos; más las tuberías existentes del partido de Tres de Febrero;
y la zanja que están haciendo en el prolongado Barrio Altos de Podestá
provocarán el aumento del caudal del arroyo Morón.
Los principales perjudicados por estos trabajos son los ciudadanos
de Villa Alemania; tienen el
miedo latente de volver a inundarse como ya ocurrió con los
temporales del 29 de febrero y el 26 de marzo pasado.
Además, cuando llueve torrencialmente en muy poco tiempo se colapsa los desagües
existentes y produce anegamientos en los barrios bajos, tanto de Hurlingham como
de Morón. “Los
vecinos ya sabemos que si llueve más de 35 milímetros en forma continua nos
inundamos. Es que no nos da tiempo para evacuarnos”, cuenta
Guillermo
Cuello.
Los obstáculos en el
escurrimiento cuando hay crecidas en el caudal del arroyo Morón, ya sea cuando
terminen con estas obras o cuando llueve torrencialmente son: las columnas
centrales de los puentes; la cañería de grandes dimensiones, que se los colocó
cuando se ensanchó este curso de agua y que están ubicados al lado de cada
puente; y los paredones de cemento. Todos estos inconvenientes producen su
desborde. En la última conferencia de prensa que brindó el intendente
Luis
Acuña
se refirió a este tema:
“Esto es lo
que provoca un cuello de botella sobre este cause”.
Ante la desinformación por parte del municipio en cuanto a las obras que
se van a realizar, los vecinos de
esta zona se encuentran
preocupados por las inundaciones, y desde hace unos meses comenzaron a reunirse
en la Sociedad de Fomento Villa Alemania (Los Patos 681, Hurlingham) para tratar
este tema. La primera reunión del año fue el 10 de marzo pasado, pero además
marcharon hasta el Palacio Municipal para pedir soluciones. Fueron
recibidos por el jefe comunal y funcionarios técnicos, a quienes les entregaron
un petitorio avalado por 350 firmas. En el mismo les solicitaron el ensanche de
los puentes ferroviarios del Urquiza y San Martín.
También
gestionaron la colocación de caños aliviadores paralelos al arroyo, en la
calle Los Árboles; el entubamiento de la zanja que corre entre las vías del
Urquiza y la calle Tambo Nuevo; el desmalezamiento de las riberas del arroyo; la
limpieza de sumideros; y el mantenimiento de las compuertas construidas en su
momento por los vecinos con recursos propios.
Acuña prometió comenzar a
dar solución a los problemas más inmediatos en el término de una semana. Pero
cuando se agotó el plazo, y sin novedades, el 18 de marzo los vecinos volvieron
a concurrir a la sede municipal, aunque en esta ocasión no fueron recibidos por
el intendente. Las protestas
continuaron el 16 de mayo cuando cortaron, en forma pacifica, una parte
de la Av. Roca. El 6 de junio, a las 16, volvieron a concentrarse para protestar
en las inmediaciones de la fábrica 3M. No hubo oradores, solo reclamaron ante
las autoridades para que se realicen las obras de desagües pertinentes para
este barrio.
La presidenta de la
Sociedad de Fomento de Villa Alemania,
Alicia
Vallejos, dice que
los desbordes del arroyo “llegó hasta los patios de las casas y los fondos de
las fábricas, como en el caso de Ecotermo, aunque ellos tienen bombas
desagotadoras, pero los vecinos no cuentan con eso. Las calles quedan como
piletones, y el agua entra a las casas por las cañerías de desagües de las
viviendas”.
La fomentista afirma
que “el caudal del arroyo Morón después de un temporal es comparable con un
río de montaña”. Por este motivo, los ciudadanos de esta zona esperan que
las autoridades provinciales o municipales hagan “algún tipo de protección
para el barrio, lo que es la costa desde Av. Roca hasta el puente del ex
Ferrocarril Urquiza, ya que los terraplenes contienen algo, pero con los
temporales y lo que se desborda por algún lado del cause hace que nos
inundemos”.
Es por ello que los vecinos siguen esperando soluciones al problema hidráulico
que padecen en el barrio. “Solo hubo un proyecto por parte de Hidráulica de
la provincia de hacer un zanjón donde hoy está la SF. Hay vecinos que vivimos
en esta zona desde hace 60 años, y jamás se hicieron ningún tipo de desagües
–asegura-. Particularmente esta zona es como una olla grande en el cual el
agua no tiene salida. En las notas que le enviamos al intendente, le solicitamos
que hagan un aliviador”. Se trata de conductos por debajo de las calles Pasaje
de Octubre, Los Patos, Miranda, Tambo Nuevo, y O’Brien hasta la salida al
curso de agua.
Pero
para el bienestar de los vecinos de Villa Alemania y de otros barrios costeros
de este distrito, al cierre de esta edición desmalezaron los cañaverales que
estaban a la vera del arroyo, del
lado de los partidos de Morón y Tres de Febrero. También sacaron las grandes
cañerías y derrumbaron el viejo puente de la Ruta 4 sobre este cause.
Seguramente esto evitará, en menor medida, que el caudal crezca.
Además tienen
proyectado ampliar el espacio existente entre las columnas que sostienen los puentes
sobre el ex Ferrocarril San Martín -Km. 24.970,44, entre
las estaciones Palomar y Hurlingham- y la Línea Urquiza, de Metrovías
-Km. 15.246, entre
estación Rubén Darío y Pablo Podestá-. se extenderán, dejando un
espacio de 40 metros libres entre apoyos. Pero en ningún momento mencionaron
que modificarían de la misma manera los puentes del Camino de Cintura y de la
Av. Roca, lo cual seguirá generando que el caudal crezca hasta que se desborde,
como ocurrió en el verano pasado.
La dirección de Obras
Hidráulicas provincial llamó a licitación para llevar adelante la modificación
de los puentes, y la empresa Construere Ingeniería SA fue la
adjudicataria. Tendrán un presupuesto oficial de 15.200.000 pesos y un plazo
estimado de ejecución de 365 días corridos. Las obras de desagües que se está
llevando a cabo en Morón tendrán un tiempo estimativo similar o superior.
Estos trabajos llevan un tiempo lógico de ejecución, pero hasta que se finalicen,
los vecinos de ambos municipios tendrán que rezar para que no
vuelva a llover torrencialmente.
INFORMACIÓN
GENERAL
Los
Alumnos del Echeverría-Dorrego
tomaron el colegio exigiendo mejoras
HURLINGHAM.
Por: MARCELO ANDRADA-.
El lunes 7, los alumnos que concurren al edificio donde funciona la
EEM Nº1, Estaban Echeverría (turno mañana); la EEM Nº4, Manuel
Dorrego (turno tarde); y ESB Nº 25 (Necochea 1110, Hurlingham), tomaron
el edificio en reclamo de mejores condiciones para estudiar. “Debido a las
promesas incumplidas y sin ningún resultado que beneficie a toda la comunidad
de este establecimiento decidimos tomarlo. Vamos a permanecer con esta protesta
hasta que se acerque algún funcionario y nos traiga soluciones”, explica la
profesora de Lengua y Literatura Graciela
Beleiro.
“Los docentes y estudiantes pedimos que nos garanticen seguridad en la
escuela”, dice el delegado de los alumnos
Nahuel
Piantanea
Flosch, y
agrega que actualmente no cuentan con “la sala de informática, ya que nos
robaron en reiteradas veces las computadoras, y solo podemos tener clases teóricas”.
También solicitan que se instale un cerco perimetral, un casero y que coloquen
alarmas.
Por su parte, el profesor de Historia Roberto
Pessolani
asegura que la escuela se encuentra en “un estado de emergencia, y es por eso
que exigimos que se realicen las reformas edilicias pertinentes. Necesitamos que
arreglen: las puertas, ventanas, vidrios; que los baños estén en condiciones,
debido a que actualmente son inmundos; las estufas en algunos casos no funcionan
o son muy chicas para las dimensiones de las aulas; falta colocar matafuegos y más
ventiladores; la iluminación es insuficiente; y realicen un desmalezamiento
alrededor del colegio”.
Beleiro cuenta que el reclamo que están haciendo es “histórico, desde
que la escuela se instaló en este predio, ya que se hicieron en forma
provisoria aulas de maderas con techos de chapas”. Pessolani agrega que las
autoridades de todos los gobiernos les prometieron que iban a hacer “buenas
instalaciones, cuando en realidad solo agregaron aulas. Lo que se fue rompiendo
a través de los años lo fueron emparchando con gente incompetente, ni fue
controlado por un personal capacitado. A este problema de infraestructura hay
que sumar a un Estado ausente en la educación pública”.
Los profesores y alumnos vienen reclamando estos problemas desde hace
muchos años, pero después del incendio que sufrieron en febrero pasado
hicieron: un petitorio; una marcha al concejo escolar; cortaron la Av. Roca;
viajaron hasta La Plata, al ministerio de Educación provincial, para
entrevistarse con el asesor de Mario
Oprto (jefe de esa cartera);
hicieron una asentada en la calle; campañas en afiches y en medios locales.
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APARICIÓN
CON VIDA DE JULIO LÓPEZ. ES UN MENSAJE DE:

NI
UN DESAPARECIDO MÁS EN ARGENTINA |
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